viernes, 22 de diciembre de 2006

Nosotros, en Coyoacán...

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Mimos, poetas y cuenta cuentos, baluartes de la escena callejera mexicana
El arte a cielo abierto en Coyoacán
Artistas del pueblo, los olvidados de los presupuestos, becas y programas oficiales
JOSEFINA QUINTERO M
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Un poco de maquillje antes de entrar a escena, en el Jardín Centenario de Coyoacán Foto: La Jornada
Espectáculo callejero en el Jardín Hidalgo de Coyoacán Foto: Jesús Villaseca
Extraídas de las calles, de los parques, cantinas, pulquerías y kioscos. De las plazas populares, mercados y hasta de la cárcel, son las escenificaciones que representan los artistas del pueblo a través del arte a cielo abierto. Los que no son considerados en la asignación de recursos oficales a la cultura, en los programas de gobierno, ni siquiera en las becas, pero sí en el incremento del salario mínimo, porque es de donde obtienen sus ingresos: el pueblo.
El teatro de la calle "es un servicio social permanente de la gente y para la gente, si ellos están jodidos nosotros también", expuso Moisés Miranda, mimo y poeta desde hace más de 25 años que actúa en la plaza del Jardín Hidalgo, en la delegación Coyoacán.
El actor se vale de gestos y movimientos corporales para actuar ante el pueblo o la raza, como también le llama a su gente, a quien, dice, está dedicado.
El artista de la calle se "solidariza con la población que no tiene una economía equilibrada", por ello en las plazas públicas expone vivencias, problemas sociales y hasta da noticias. Así es como se desarrollan y luchan por su existencia los cerca de 100 artistas que trabajan en el Jardín Hidalgo, la segunda plaza cívica más importante de la ciudad, por la cual circulan los fines de semana más de 60 mil personas, cifra que aumenta hasta en cien mil en días festivos, puentes o vacaciones.
El desarrollo de los artistas callejeros no ha sido fácil, han enfrentado los ataques de gobiernos priístas, por ello se constituyeron en la Coordinadora Cultural de Artistas a Cielo Abierto de Coyoacán AC, para hacer una fuerza y evitar los atropellos que, reconocen, han disminuido con las administracines surgidas del partido del sol azteca.
Pedro, un cuenta cuentos, comentó que la plaza fue ocupada por los artistas con autorización de la gente, al gobierno no le pagan un centavo; sin embargo, se someten a las reglas, por lo que sólo se instalan los fines de semana y días festivos.
El también presidente de la asociación añade que el arte callejero cuenta con una enorme experiencia, integrada por artistas de danza prehispánica, músicos latinoamericanos, pintores, titiriteros, mimos y una diversidad de actores de la calle, muchos de ellos con experiencias internacionales.
Lo mismo está el poeta Miguel Mauriño, quien pese haber sido publicado por diversas editoriales, reconoce que la mejor forma de llegar a la gente es la "entrega directa", y eso sólo se logra "en la calle, donde he vendido más mi obra que en las propias librerías".
Los espacios públicos, aseguran los artistas, son otorgados por la gente, "el pueblo, al acercarse cuando actuamos, recitamos o contamos cuentos, nos da un lugar. Las calles o plazas no son del gobierno, sino de la gente, es un espacio libre" en el que se mantienen para conservar la tradición.
La historia del teatro callejero nace de las carpas, el antecedente de los actores populares, de los artistas del pueblo, comentó Moisés Miranda, a quienes también identificó como "los provocadores de risa".
La tradición del Jardín Hidalgo, manifestó Miranda, rebasó las fronteras: "Hace algunos años fuimos observados por un grupo de japoneses que copió muchas de las tradiciones del arte a cielo abierto de Coyoacán.
"Incluso intentaron hacer un lugar similar en Tokio, en cuyo centro está una plaza conocida como Chitose Karasellama, donde hay artistas populares. Claro, con las características de la comunidad, de la gente de ese lugar", apuntó, e indicó que fue invitado a cortar el listón de la inauguración de dicho lugar, además de recibir diversos reconocimientos.
Miranda afirmó que la diferencia con otros actores, que es la que los alimentan, es el contacto con el pueblo. "La mejor situación para mí es que la gente me saluda, se acerca, estoy a la altura de cualquiera. Todo es popular, natural. Nos abrazamos, nos olemos, esa es la mejor satisfacción y donde quiera que ando voy con la frente en alto, porque ellos reconocen en mí un baluarte del arte callejero mexicano".

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