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viernes, 27 de julio de 2007

Nace la Panacea de María, El Cardo Mariano...

















José despertó y le contó a María el sueño en el que un ángel le revelaba que debían proseguir su camino, pues Herodes había ordenado matar a todos los niños menores de dos años en Belén y su perímetro.

María tomó a su hijo y dispuso la partida, reunió sus pocas pertenencias y emprendió con el pequeño y su esposo el viaje en borrico a Egipto.

Mientras huían y ella amamantaba al sediento y hambriento bebé, vieron a lo lejos un escuadra de sicarios del tirano que se apresuraba a darles alcance; la Virgen sabía que si descubrían al niño lo asesinarían sin miramientos, ya que esa era la orden que el cruel monarca les había dado, y destetó a su hijo desesperada buscando dónde esconderlo.

Descubrió un cardal a sus pies y decidió meter al bebé para cubrirlo con sus ramas, hojas y flores esperando que lo escondieran de las miradas de los soldados. Cuando lo metía sus senos, descubiertos por la lactancia y la prisa, recibieron de lleno las espinas de esos cardos que clavándosele los empujaron tanto que de ellos manó la blanca leche que Cristo ya no pudo mamar.

Entonces, ocurrió un milagro: el sagrado alimento de los senos de María cayó en las hojas y al salpicarlas las tiñó de blanco, y al unísono, todos los cardos de la misma especie reprodujeron el fenómeno quedando tintos de lácteas manchas, que con temor, dolor y sangre los bendijeron para siempre.

Los infanticidas jamás encontraron a Jesucristo, pero había nacido una medicina prodigiosa: El Cardo Mariano.

¡Gracias Madre de Dios, por tu milagro!
Post Escriptum: me he enterado que los restos de ese Cardo, ya doblemente milenario, se encuentran en Tierra Santa y son visitados y venerados por los romeros y turistas que por esos lugares que pisaron José, María y Jesús andan; son una reliquia más que dá testimonio irrefutable de los milagros de la Madre de Dios. Si tienes datos de este Cardo, como fotos, vídeos, croquis del lugar en donde se encuentra o algo similar, compártelo con nosotros, que te lo agradeceremos bastante. ¡Dios te Salve, Reginam Coeli! Mi correo: ivanardila@gmail.com

jueves, 5 de abril de 2007

Carta para la Doctora Claudia Angélica Soto Peredo

Doctora Soto:
Desde que descubrí que tenía la virtud de proteger al hígado, llevo varios años rastreando las propiedades del Cardo Mariano (silimarina) pues mi padre padeció cirrosis -era alcohólico-; ése fue uno de varios motivos que lo llevaron a morir y a dejar dos familias sin su pilar masculino. A partir de su muerte me prometí descubrir las curas que hubieran evitado su deceso. Esto, por parte de mi rama familiar paterna, que es colombiana; por la materna, mexicana como el aguacate, casi la tercera parte de mis tíos-abuelos han tenido la desgracia de perecer por las complicaciones de la diabetes. Se imaginará la sorpresa y júbilo que sentí cuando le otorgaron el premio por su casual descubrimiento: ¡la cura definitiva de la diabetes! -por cierto, ¿en verdad fue tan fortuito, o andaba caminando por esos lares a propósito?-. De repente me topé con una medicina que hubiera por lo menos prolongado la vida de bastantes seres amados, si no es que les hubiera evitado morir por lo que murieron, causa nada salvífica o heroica: hidratos de carbono en exceso. Ahora mismo algunos de mis tíos siguen con la tradición familiar del refresquito de 2 litros por piocha diariamente y la bolsa gigante de pan dulce, que para colmo incluye en su magistral receta la cancerígena grasa hidrogenada, y para variar ya están corriendo en la recta final de los diabéticos irredentos que están a punto de perder vista y extremidades. O sea: están a días de conocer la medicina que les salvará el pellejo. Y, honor a quien honor merece: lo último por su intervención Doctora. No me malentienda, esta carta no es sólo para agradecerle lo dicho, también es para otros menesteres que a continuación le expondré.

Leí con atención la patente, en particular los experimentos con esos malogrados seres a los que administró el tóxico diabetogénico (aloxane), y quiero destacar la proporción en la que tomaron Silimarina, pues habla de 120mg./Kg. de peso, lo que trasladado a un humano como yo, de 90k., sería equivalente a una ingesta de 10 gramos de extracto. Eso suena a bastante, a píldoras del tamaño de un huevo, o ampolletas inyectables tal y como se las imaginan los niñitos enfermos en sus pesadillas, ¡gigantescas! Además, siempre menciona a la Silimarina acompañada del omnipresente carbopol; a un lego desconocedor de sus propiedades le haría caer en el error de pensarlo como parte de la terapéutica y no como simple vehículo que facilita la administración o absorción del verdadero principio activo, que es el extracto del Cardo Mariano, la Silimarina.

Creo que imagina por donde voy: pretendo creer que puso así la información para despistar a los incautos y permanecer parcialmente con el secreto de la dosis en sus manos. Esos 120mg. de Silimarina casualmente son la misma cantidad que tiene cada tableta del único producto a mi disposición en la Ciudad de México que contiene extracto estandarizado de Silimarina; supongo que tomando la dosis de esas tabletitas queda dada una ingesta adecuada, así que he recomiendo a cuanta persona puedo que los sextupliquen, dividiéndolos por las tres comidas típicas del día, e ingiriéndolos una hora antes de comer. Dicho de otra forma: 2 tabletas de Etagerin una hora antes de cada alimento. Claro, ¿verdad?; el carbopol queda en el olvido y la medicina presente a menos, por supuesto, que nos aclare alguna de dos cuestiones:

1) ¿Es el carbopol verdaderamente necesario para que la Silimarina se absorba bien, o cualquier excipiente cbp puede facilitar con igual eficiencia su absorción?
2) ¿Es extrapolable la ingesta que dio a las ratas (120 miligramos por cada kilogramo de peso, a los humanos, o en realidad puso esa proporción para despistar?

Verá Doctora, siendo la Diabetes endémica de nuestro país, sería un crimen de omisión vetar el acceso inmediato de la población al medicamento que puede detener tanta enfermedad y muerte, y supongo que coincidimos en este punto. Le quiero ejemplificar esto. En un hospital del Distrito Federal se llevó a cabo el protocolo para aprobar el uso del
ácido glicirricínico como un antiviral de uso tópico en lesiones herpéticas o papilomatosas, como los fuegos labiales o corporales y el condiloma acuminado, respectivamente; total que se aprobó. Se llama Epigen el chunchesito ese y cuesta casi $300 en la farmacia París (que se supone barata). En el documento que explica su farmacocinética y el proceso con el que se fabrica hablan de una activación de la molécula de ese polisacárido por medio de electricidad, pero jamás son lo suficientemente claros como para darle al paciente libertario la capacidad de duplicar esa supuesta activación en casa o de fabricarse él mismo su pomadita o aspersor, cuando sí existe la posibilidad de que alguien de bajos recursos se pertreche de la medicina que lo curaría por sólo $20 en esa misma farmacia, ya que el famoso y rimbombante Epigen está hecho con una raíz cuyo costo ya molida no excede de $10 por ¡100 gramos!, y si a esto le sumamos que es hidrosoluble y que una botellita aspersora cuesta también algo similar, sólo tenemos que añadir agua y Voilà!!!

¡Qué cosa Doctora! Algo debe pasar entre el juramento Hipocrático y el momento en el que el sanador decide tener una prioridad económica antes que la que juramentó. Algo muy extraño. Y en ciertos casos entendible. Uno no come aire.

Pasando al siguiente tema, quiero compartirle algo que me enseñó mi madre: así como los nombres de los lugares en la República cambiaron cuando llegaron los conquistadores, quedando en algunos casos la mitad de su nomenclatura en castellano y la otra parte en la lengua original de los pobladores (como “San Juan Teotihuacan”, o multitud de casos), algo similar ocurrió con las plantas oriundas de estas tierras, como la Siempreviva, cuyo nombre en lengua india desconozco, pero con seguridad da a entender que sirve como medicina -no sólo quita algunas callosidades de los ojos, investigadores mexicanos le descubrieron virtudes anticonceptivas-. Éste fenómeno no es privativo de estas latitudes, pues en otros lugares de la Madre Tierra las nomenclaturas han sugerido por lo menos que algo se cocinaba al interior de ese cactus, de esa florecita, de esa hierba, de ese honguito. Hasta que llegaron, claro, las nomenclaturas en latín, puramente descriptivas de cosas accesorias, y no primordiales. Imagínese: el polisacárido de marras en latín es nombrado sólo como
“raíz dulce” (Glycyrrhiza Glabra), vaya...
¿Y qué con el Cardo Mariano? Ah, pues por aquí viene la sorpresa, la sopita que ocupa nuestras cucharas.

“y por aquel que me arranca
el hígado con que vivo,
¡cardos!, no ortigas, cultivo,
y al cazo, su leche blanca”

Saquémonos esa espinita y comámonos los aquenios. El Marianum de su nombre en latín –Sylibum Marianum- nos remite sin duda a María, la Virgen, la Madre de Dios. La Nonantzin (nuestra madrecita) del Tepeyac, la Madre Tierra antropomórfica. ¿Quién iba a pensar que el retorno de María se daría por medio de sus frutos? Curioso. No más iconos en ayates, no más apariciones visionarias, no más imágenes vaporosas e iridiscentes, sencillamente un cardo lechal que sana del cuerpo lo que entró por su boca en exceso o en equívoco -como la amanita phalloides o la mortal, que no la divina muscaria-. Claro que todavía muchos queremos ver a nuestra madre universal empequeñecida en un cuerpo humano, algo tan evidente como el milagro de su medicina sigue siendo una abstracción que los ojos no ven y que la mano no siente -por más consciencia de lo microscópico y lo macrocósmico seguimos pensando que el hombre es la medida de todo-. Peor aún, todavía quedan en la Tierra los rescoldos humeantes de los hijos de los positivistas que imaginan un mundo al que lo sacro le ha sido amputado. ¿A qué mundo pertenecemos Doctora Soto, en qué extremo estamos?

No sé si se ha percatado del momentum en el que la medicina se encuentra, tan llena de curas inesperadas, de remedios sorprendentes, de nuevas enfermedades incurables, de retornos triunfales de enfermedades que se creían erradicadas, ¡y de otras tantas creadas por la mano del hombre!, para las que ni Dios tiene remedios en su botica. Es un momento irrepetible, único, como nunca vimos antes, como no imaginamos ver. Y allí, en ese tiempo, entablamos un diálogo que seguramente le parece un tanto surreal. Y eso que aún no termina de arrancar esta misiva.

Nos encontramos en el nacimiento de una nueva medicina, producto de todos los aciertos y yerros de las anteriores, somos los padres del corpus médico del futuro, del compendio, de la glosa del Vademécum más grande jamás pergeñado, la simiente del sanador del porvenir. Nuestra responsabilidad es inmensa, y ese es uno de los motivos por los que le escribo estas palabras. Esta obra magna no debe ser producto del esfuerzo de unos cuantos, ni parte de un secreto a voces, o sellado bajo una patente inescrutable. ¡No! Los frutos de los hombres y mujeres del mañana serán producto del esfuerzo de la gigantesca comunidad humana que comparte sin egoísmo lo mejor de sus manos, de sus corazones, de sus cabezas. Así será.

Es probable que usted haya coqueteado con la idea de producir su propia marca de Silimarina (adicionada del infausto carbopol, claro), y si descubrió que un servidor puso en internet los hipervínculos necesarios para que la gente empiece a curarse de sus transtornos por sí misma de seguro se descorazonó al creer que se le iban a fugar en masa directos a comprar el Etagerin sus posibles clientes/pacientes. Si pensó o concluye así, comprendo su equívoco. Más bien, ocurrirá el fenómeno contrario, y mientras tanto, esa gente que ahora usará la marca que mencioné se estará curando para que cuando llegue el momento de su producto, estén plenamente convencidos de que funciona porque probaron uno antes que no era el de la meritita descubridora con resultados. ¿A poco cree que los mexicanos somos desagradecidos?, ¿no somos patriotas y solidarios con los nuestros?, ¿no somos los mejores publicistas precisamente por lo chismolero que nos caracteriza? ¡Ah, mujer de poca fe!

Doctora, mis ojos me arden porque estoy escribiendo en una de esas pc´s que usan monitor plano, de esos que llamo “sartenes”, pues los fríen. Le envío esta carta mañana y continúo después con la segunda parte. Le invito a visitar mis blogs entretanto: tepantzintlacaztalli.blogspot.com y 360.yahoo.com/ivanardila

Sinceramente espero que la haya capturado esta carta y que comencemos un nutrido diálogo por éste medio. En mis páginas podrá darse una idea de lo que pienso, siento y hago, cosas que también me gustaría conocer de usted. El futuro llegó hace mucho tiempo, y andamos rezagados, habrá que ponernos al tanto, habrá que poner a la gente al día; de esto se trata, de ser parte de él, de ser parte de la esperanza de un mañana, de devolvérsela a la gente, porque es un ancla en el futuro. La primera piedra, con la que se funda, es con la fe. ¿Tiene usted fe Doctora?

Tepantzin Tlacaztalli Huitzilíhuitl
Mexihco Tenochtitlan
4 de abril del 2007

ivanardila@gmail.com
ivanardila@yahoo.com.mx

miércoles, 4 de abril de 2007

La medicina de la Virgen de Guadalupe.



Hijita, hijito:

cuando se cumplió tu destino como anunciaron los hombres y mujeres sagrados, y plantaron cruz y espada los salvajes de oriente en la piel que bienamabas, era mi garganta la que lloraba por tu penar cuando se escuchaba en las noches mi grito

me transformé en la mujer del Tepeyac para que supieras que no te había abandonado, que tu madrecita seguía allí, velando día y noche por tu cuerpo, por tu alma

y así en cada lugar te he dado mi figura para que por su medio, tus plegarias lleguen a mis oídos, y tus ojos miren a los míos, de frente, para ver tu llanto y escuchar tus tristezas, para sanar tus heridas: las del cuerpo, las del alma

a tus tatas les fue dada palabra de que el blanco traería con él sus pólvoras, y se les advirtió no comulgar con ellas, porque les llegaría la muerte, la enfermedad, el dolor

y pocos guardaron en su corazón la palabra
y muchos se han dolido

por pólvora de harina, azúcar y jabón
pólvora de coca, fertilizante y pesticida
pólvora de asbesto, de plomo y cemento
pólvora de virus, bacterias y hongos
pólvora de vivos, de enfermos y muertos
pólvora de madera, carbón y gasolinas
quemando por fuera
quemando por dentro

es hora ya de recordar esta palabra hijito, hijita
es hora de acunarla en el corazón

do mora el mal
se encuentra el bien de espaldas,

y con el mal vino el remedio
con él vino mi espina
con él vino mi leche
con él vino mi fruto
con él vino mi aceite

bebe de olivos y cardos
sus preciadísimas mieles
úngete en mi santidad
embelésate en mis mieses

sábado, 10 de marzo de 2007

La milagrosa cura para el hígado enfermo, y para la diabetes (a veces)...


En el Área de Diabetes, la Dra. Claudia Angélica Soto Peredo, del Departamento de Sistemas Biológicos de la Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco, recibió el galardón por el trabajo:


"Compuesto de silimarina y carbopol que recupera la función endocrina del páncreas en un modelo experimental de diabetes mellitus".


La principal aportación del trabajo fue lograr la recuperación total de animales de experimentación que padecían de diabetes mellitus, enfermedad que hasta el momento es considerada como crónica degenerativa por no tener cura.


La Dra. Soto Peredo afirmó que, tanto para sus colaboradores como para ella misma, es un honor haber recibido uno de los premios más importantes de México. Es un gran incentivo para seguir trabajando arduamente en este proyecto y para que pueda ser llevado a nivel clínico y así ofrecer una alternativa innovadora para la cura de la diabetes mellitus y elevar la calidad de vida a los pacientes.

¿Eres un higadito?


LA INTOXICACIÓN DEL HÍGADO PUEDE SER LA CAUSA DE NUMEROSAS PATOLOGÍAS
Una insuficiencia hepática crónica -aunque sea asintomática e incluso aparezcan valores correctos en las analíticas- puede provocar importantes alteraciones en casi todo el cuerpo sin que los médicos se den cuenta de que esos síntomas sin aparente relación pueden deberse a una misma causa. José María Cardesín, experto en Medicina Tradicional China, afirma de hecho que puede ser el origen de taquicardias, hipotensión, mareos, disnea de esfuerzo, falta de concentración, pérdida de memoria, alzheimer, parkinson, esclerosis múltiple, depresión, migrañas, caída del cabello, alteraciones de la visión, piernas pesadas, varices, hemorroides, hernia de hiato, úlcera gástrica, acidez, anemia, cansancio, osteoporosis, intoxicación celular y cáncer. Y que por tanto muchas veces carece de sentido tratar esos síntomas aisladamente. Nos lo explica en el siguiente artículo.
Para la Medicina Tradicional China existen en el cuerpo cinco sistemas cuyas alteraciones serían las responsables de prácticamente todas las enfermedades que padece el ser humano. Es decir, según sus postulados cualquier tipo de patología se genera por la anomalía de uno de esos cinco sistemas. Cada uno de los cuales comanda determinadas partes del cuerpo provocando alteraciones que, desde el punto de vista convencional de la medicina alopática, guardan poca o ninguna relación entre sí. Ello implica pues, para el concepto oriental, que la causa o etiología real de muchas enfermedades es la misma y, directa o indirectamente, procede de un único sistema alterado.
Esos cinco sistemas son:
a) El hepático.
b) El digestivo (comprende estómago, bazo y páncreas).
c) El cardiocirculatorio.
d) El respiratorio y excretor (comprende pulmón y colon).
e) El renal (comprende el aparato urogenital).
En suma, para la Medicina Tradicional China cuando cualquiera de esos sistemas resulta afectado se producen diversos síntomas que no parecen tener relación entre ellos y, por tanto, en la Medicina convencional o alopática son tratados normalmente por diferentes especialistas. Para los médicos orientales, sin embargo, la causa primera de todos esos síntomas es común y la solución, si la hay, es única.
Con el tiempo y la cronicidad esos 5 sistemas -cada uno de los cuales provoca diferentes "enfermedades"- se afectan entre ellos y la alteración de uno acaba alterando a otro y luego a otro... y así sucesivamente complicando el cuadro inicial hasta llegar a las enfermedades degenerativas y de difícil tratamiento pues la posible curación pasa ya por recuperar todos los sistemas afectados. Y contemplando siempre la relación entre los mismos.
Por otra parte, cada uno de esos sistemas se corresponde con sus propios tejidos secundarios, órganos sensitivos, coloración alterada de la piel, reacciones psíquicas o emocionales, tolerancia a ciertos sabores, actitudes posturales, etc.
Pues bien, voy a exponer en este artículo parte de los procesos que puede desencadenar una insuficiencia hepática crónica -aunque sea asintomática a nivel local e incluso se presenten valores correctos en las analíticas- ya que -admitiendo ese punto de vista- puede ser la causa de toda una serie de importantes alteraciones a muy diversos niveles.
Comenzaré diciendo que hace ya años, gracias a la práctica clínica, tomamos conciencia un día en consulta de la gran cantidad de pacientes que sufrían litiasis biliar (es decir, arenilla o piedras en la vesícula) por lo que decidimos desarrollar un método de drenaje que limpiara la vesícula de arenillas y fangos de pequeño tamaño que son los más corrientes. Lo logramos pero, para nuestra sorpresa, comprobamos que al poco tiempo ¡reaparecían! Al principio pensamos en depósitos procedentes del colédoco pero luego nos dimos cuenta de que procedían del hígado y que es en él donde realmente se fabrican las litiasis "biliares" por filtración de parte de la sangre venosa que asciende por el sistema porta. Y es que a pacientes operados de vesícula biliar les habíamos encontrado abundante arenilla en las heces cuando años más tarde de la operación se les drenó el sistema hepático. Y eso significaba que estaban retenidas en algún lugar. Evidentemente en el hígado porque carecían de vesícula.
¿Qué efectos causa esa arenilla en el hígado? Pues una insuficiencia hepática crónica, casi siempre sin síntomas hepáticos pero que produce frecuentemente su inflamación. ¿Y qué causas pueden afectar al hígado y, por tanto, agravar dicha insuficiencia? El consumo excesivo de grasas, alcohol y tabaco, las medicaciones agresivas, la ingesta de tóxicos... Y en cuanto a la alimentación se refiere determinados parásitos que al formar colonias en intestino e hígado ensucian el órgano afectado. Sin olvidar los nervios, el estrés, los disgustos y todas las emociones que propician un estado de irritabilidad o ira ya que trastornan el sistema hepático. Recordemos que la ira es consustancial al hígado según la Medicina Tradicional China; basta en ese sentido recordar la violencia que se genera en los alcohólicos y en los enfermos hepáticos crónicos. Agregaremos que también pueden afectarle negativamente los esfuerzos musculares desacostumbrados o excesivos pues el hígado rige la musculatura y los tendones y es un reservorio de glucógeno, alimento de estas estructuras.

EL SÍNDROME HEPÁTICO Y SUS CONCOMITANCIAS

En el caso de inflamación hepática -hecho muy frecuente y crónico con habituales altibajos según la intensidad del elemento desencadenante- se produce una estenosis (estrechamiento) del sistema porta con una reducción del flujo ascendente de sangre venosa. Y ello crea un desequilibrio entre la cantidad de sangre existente en las zonas superior e inferior del cuerpo. Es decir, la sangre se acumula en la parte inferior habiendo menos en la mitad superior. Déficit de sangre que puede ser la causa de muy diversas patologías que los médicos convencionales no relacionan con ese hecho. Es el caso de numerosos cuadros de:

Taquicardias e Hipotensión
La reducción del caudal sanguíneo en la parte superior del cuerpo puede producir a nivel cardíaco taquicardias ya que toda bomba se acelera cuando no dispone de suficiente fluido para bombear. Y si el corazón maneja menos sangre por las arterias fluirá también menos cantidad dando lugar a hipotensión.

Cuadros disneicos o asmáticos
Cuando llega menos sangre a los pulmones se pueden producir cuadros de insuficiencia respiratoria y asmáticos. Por tanto un insuficiente suministro de oxígeno al organismo causa síntomas que con frecuencia se confunden con una patología pulmonar.

Vértigos y mareos
Es obvio que si llega menor cantidad de sangre al cerebro puede producir vértigos, mareos e inestabilidad que en estos casos suele achacarse a la hipotensión sin considerar que ésta puede estar provocada por la inflamación hepática. De hecho, un mareo que conduce a una lipotimia (desmayo) no es más que un mecanismo de defensa del organismo que se da cuenta de que necesita estar en posición horizontal a fin de que la sangre pueda llegar de nuevo fácilmente al cerebro.

Pérdida de memoria y confusión mental
Un deficiente riego sanguíneo puede ser también causa de pérdida de memoria, confusión mental, disminución del rendimiento mental, posible caída de cabello y disminución temporal de la agudeza visual. Síntomas que en principio remiten al normalizarse el riego sanguíneo por regularización hepática.

Depresión
Esta importante alteración, tomada como una afección cerebral de tipo psíquico y tratada normalmente a través del sistema nervioso, se pone de manifiesto en cuanto el cerebro deja de recibir la sangre que necesita. La hipovolemia cerebral produce una sensación de angustia, ansiedad, deseos de estar acostado (posición en la que el cerebro recibe más fácilmente el fluido sanguíneo), mareos, miedos y, en última instancia, desesperación. Pues bien, todo ello mejora notablemente al recuperarse el riego cerebral por normalización del flujo sanguíneo hepático ascendente.

Migrañas y cefaleas
El cuadro anterior está íntimamente relacionado con las migrañas y algunas cefaleas. Sólo que éstas se producen cuando el paciente mejora, su hígado se desinflama y la sangre sube rápidamente hacia la parte superior con mayor caudal produciendo el síndrome migrañoso, dolor pulsante en sienes y deseo de estar relajado en oscuridad y silencio. Obviamente, en cuanto el hígado se vuelve a inflamar remiten los síntomas de la migraña. La solución consiste pues en normalizar el hígado para que esos cambios de intensidad en el flujo sanguíneo ascendente no se produzcan.

Alzheimer, parkinson, esclerosis múltiple, epilepsia y ataxia cerebelosa
Hace ya 30 años se planteó que en muchos casos -no en todos, por supuesto- enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer, el parkinson, la esclerosis múltiple, la epilepsia y la ataxia cerebelosa pueden deberse a una deficiente irrigación del cerebro. Y que puede ser así parece demostrarlo que cuando esa falta de sangre -y, por tanto, de oxígeno- se debe a una comprensión patológica del opérculo torácico que impide que la sangre circule adecuadamente por la arteria vertebral basta una sencilla operación quirúrgica que resuelva el problema y llegue de nuevo la sangre al cerebro para obtener mejorías espectaculares (lea en nuestra web los reportajes publicados al respecto en los números 21, 24 y 30). Pues bien, esa falta de riego sanguíneo cerebral puede deberse igualmente al problema hepático del que nos estamos ocupando y, por consiguiente, resolviendo éste mejorar también todas esas patologías.

Varices y hemorroides
¿Qué sucede, por otra parte, cuando la sangre se encuentra en mucha mayor cantidad en la mitad inferior del cuerpo, en el sistema venoso, siendo incapaz de subir al tórax por estar parcialmente retenida debido a la inflamación del sistema hepático? Pues que las venas se dilatan, se distienden y se producen varices y hemorroides. De hecho muchas personas con inflamación hepática tienen las piernas pesadas y lo achacan a que están mucho rato de pie cada día cuando la causa real es bien diferente.

Úlceras gástricas, anemia y amenorrea
Las venas gastroepiploicas procedentes del estómago que desembocan en el sistema hepático antes de la filtración pueden dilatarse cuando la sangre queda retenida en ellas produciendo varices esofágicas o duodenales (o ambas). Y si el volumen de esa sangre aumenta mucho se pueden además distender dando lugar a microhemorragias gástricas o úlceras. Una situación que si se cronifica hace que la sangre tiña de marrón oscuro las heces. Lo que hay que tener en cuenta porque en las analíticas de heces la presencia de sangre es habitual y se achaca con demasiada frecuencia a la sangre contenida en la carne (aunque hoy día se empieza a experimentar con preparados capaces de distinguir en las heces la sangre humana de la animal). Pues bien, cuando las pérdidas sanguíneas vía gástrica persisten en el tiempo puede aparecer una anemia que se acompaña de gran cansancio junto a todos los síntomas ya expuestos debidos a la falta de sangre en la parte superior del cuerpo (depresión, taquicardias, disnea de esfuerzo, etc.). Paralelamente, cuando no tenemos suficiente sangre por causa de la anemia la menstruación se hace tardía, escasa, y puede llegar a desaparecer (amenorrea); sin embargo, se normaliza cuando se recupera el volumen sanguíneo correcto.

Obesidad
Otro preocupante desequilibrio orgánico es la obesidad, padecida por un elevado grupo de población. La causa atribuida generalmente es el exceso en la ingesta de alimentos por lo que se suele recomendar el seguimiento de severos regímenes. Yo suelo decir que la "droga" que crea mas hábito es la comida porque cualquier drogadicto puede saltarse algunas dosis de una sustancia que le crea dependencia pero, ¿cuántas personas son capaces de no comer nada un solo día o, simplemente, de llevar a cabo un régimen riguroso o un ayuno terapéutico? El síndrome de abstinencia de la alimentación es muy difícil de superar por la mayoría de las personas.
Pues bien, las microhemorragias gástricas presentes en la úlcera de estómago conducen a una pseudoanemia crónica normalmente indetectable en las analíticas porque nuestro organismo es capaz de reproducir la sangre perdida en pequeñas cantidades. Nos encontramos en tales casos con un cuadro anémico que se autorregenera sólo que la pérdida de ese fluido vital produce siempre un estado de ansiedad ya que la pérdida de sangre es interpretada por el cuerpo como un camino hacia la muerte por desangrado. Por eso siempre va acompañada de un incremento del apetito para obtener los principales elementos para la fabricación de sangre. Y esos están en el chocolate, los dulces, las frutas y verduras rojas, las carnes rojas, etc.
Apetito inducido para ese fin que lleva a la persona a comer en exceso con la consiguiente agravación de los sistemas hepático y digestivo además de a la cronificación de las microhemorragias que aumentarán la anemia, la ansiedad y, por tanto, el hambre. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Osteoporosis
Como hemos explicado, la afectación hepática puede terminar produciendo anemia a causa de las microhemorragias gástricas con lo que el organismo intenta por todos los medios compensar la pérdida comiendo más para fabricar sangre extra. Ahora bien, la sangre se fabrica en la médula ósea -preferentemente la de los huesos planos, por ejemplo la cresta ilíaca- y para obtenerla ésta precisa, entre otros elementos, calcio. Y cuando este mineral no está suficientemente presente en la dieta el organismo no tiene más remedio que recurrir a los huesos para obtenerlo pudiendo dar lugar a osteoporosis en edades tempranas.

Fibromialgia
Esta patología, que como su nombre indica es un "algia de las fibras musculares", pertenece al amplio campo de influencia hepático pues el responsable del tono, vigor y resistencia de la musculatura es el hígado. Y de hecho, muchos de los pacientes que hemos tratado mediante desintoxicación de hígado y riñón -y, por tanto, de la mayor parte del organismo- han logrado mejoras substanciales en un porcentaje elevado de casos. Algo esperanzador teniendo en cuenta que la Fibromialgia es una enfermedad de diagnóstico difícil y un tanto subjetivo.

Cáncer
Ya expliqué en su día los efectos sorprendentemente beneficiosos que sobre los tumores tiene recuperar la calidad sanguínea -y, por tanto, celular- merced a la correcta filtración y eliminación de toxinas y elementos tumorales por parte de un hígado y riñones sanos. No insistiré pues en ello si bien invito al lector a leer la entrevista en la que hablaba de ello y que apareció en el número 78 (tiene ese texto entrando en la sección de Reportajes de nuestra web).

HEPATITIS CRÓNICAS
Finalizaré recordando que al tratar un cuadro hepático hay que considerar siempre la presencia de antiguas hepatitis de los tipos hoy conocidos -A, B, C y D (la E es prácticamente desconocida)-, éstas dos últimas, por cierto, habituales en casi todos los estados cancerosos. Porque determinadas enfermedades infecciosas -entre ellas las hepatitis, aún aparentemente curadas- dejan huella. Es decir, se puede determinar su presencia durante toda la vida del paciente lo que significa que, aún erradicada del organismo, una parte -incluso negativizada en teoría- queda presente y detectable y, por tanto, activa en algún nivel. Presencia que puede producir patologías secundarias y aparentemente sin relación con la enfermedad original pero que deben ser tenidas en cuenta siempre que la patología actual nos haga pensar en una relación hepática aunque ésta parezca lejana.

Resumen
En definitiva, una inflamación hepática crónica -bien por depósitos procedentes del filtrado fisiológico que realiza el hígado en la sangre, bien por causa de una parasitosis (virus, bacterias, etc.), bien por intoxicación- puede producir, de forma parcial o total, todas estas dolencias:
1º) Hipotensión y mareos.
2º) Disnea de esfuerzo y taquicardias.
3º) Falta de concentración y pérdida de memoria.
4º) Depresión, cefaleas, migrañas, caída del cabello y alteraciones de la visión.
5º) Alzheimer, parkinson, esclerosis múltiple, epilepsia y ataxia cerebelosa.
6º) Piernas pesadas, varices y hemorroides.
7º) Hernias de hiato, úlceras gástricas y acidez.
8º) Anemia y cansancio.
9º) Obesidad, osteoporosis y fibromialgia.
10) Intoxicación celular y cáncer.
Obviamente todos estos síntomas no tienen por qué aparecer a la vez. Algunos pueden incluso haber convivido con nosotros muchos años, a veces desde que tenemos uso de razón. Y generalmente se achacan a nuestra "constitución enfermiza" cuando en realidad -como muchas enfermedades presuntamente heredadas- se deben a la sangre contaminada que la madre transmite al feto dando desde el principio a su hijo una precaria calidad de vida.
En suma, todos los cuadros patológicos mencionados parecen no tener relación pero lo cierto es que en muchos casos la causa es común: una insuficiencia hepática. Y resolviendo ese problema con el tratamiento y las medidas higiénicas y dietéticas adecuadas en cada caso resolverse todos ellos. De ahí que a nuestro juicio, dada la actual intoxicación de nuestra sociedad, en nuestra consulta sugiramos hacer una desintoxicación hepática y renal a fondo cada dos años. Porque lo mejor es siempre prevenir.


José María Cardesín
e-mail:mk3@dsalud.com