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martes, 26 de febrero de 2008

LA FRATERNIDAD DEL CARDO MARIANO.





He creado este grupo para que aquellos que usamos el Cardo Mariano o deseamos conocer este suplemento alimenticio podamos tener un espacio propio como comunidad en el cual intercambiemos documentos, testimonios, comentarios, dudas o aquello que se nos ocurra y tenga relación con la Silimarina (el extracto del Cardo Mariano) o la salud.

Para comenzar con el intercambio, he insertado en la sección de documentos algunos archivos .pdf en inglés que dan cuenta de estudios interesantes sobre las propiedades terapéuticas de la Silimarina. Si sabes inglés y te interesa que aquellos que no lo hablan puedan conocer estos experimentos, te invito a hacer una traducción que los resuma para que nos la compartas a todos.

También puse a disposición de los usuarios de este grupo o de aquellos que lo visiten mi libro “SILIMARINA Y MATERNAJE, MEDICINAS DE MARÍA” en el mismo tipo de archivo, .pdf, compatible con todos los sistemas de computadoras (Windows, Linux o Macintosh) siempre que cuenten con el lector adecuado, el cual pueden bajar en la página de internet de Adobe Acrobat Reader® de forma gratuita. Insto a quien baje mi libro a que lo comparta con sus contactos sin limitaciones de mi parte, ya que a diferencia de la mayoría de los libros éste, en vez de tener el tradicional CopyRight (Derecho de Copia Restringido), tiene CopyLeft (Derecho de Copia Permitido), lo cual significa que si no hay lucro de ninguna clase el autor, o sea, un servidor, permite copiar indiscriminadamente las veces que se desee este pequeño libro. De hecho verdaderamente agradezco su lectura pues lo escribí y lo sigo escribiendo con mucho amor y con el deseo de que llegue a todos los que creo que podrían necesitar mis palabras.

Un porcentaje significativo de la población diabética tiene más de 40 años y por su misma edad manifiesta cierto rechazo por los medios electrónicos (esta actitud es parte de la “brecha generacional”), además de que algunos de ellos tienen franco deterioro visual que les dificulta aún más navegar en un medio que no fue hecho pensando en ellos, por lo que si eres alguien que está tratando de facilitarle la vida a un paciente en este caso, te suplico que uses todos los recursos de este grupo para apoyarle. En algún momento podré grabar audio y lo primero que haré será subirlo al grupo. No dejes de visitarlo para que, una vez estén listos los archivos .mp3, los grabes en un reproductor y se los hagas escuchar al diabético/a que recibe de ti maternaje. También la palabra que se escucha es capaz de ayudar.

Todos tus comentarios, o los de la persona que apoyas, puedes incluirlos en el grupo mandando un correo a la dirección


o directamente insertarlos en la página una vez que seas miembro. ¡Bienvenidos! Este grupo es de todos.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Sobre las grasas malditas diabetogénicas, diabólicas y tóxicas que tú y yo comemos diario.


Del libro maravilloso del escritor y nutriólogo mexicano Erwin Möller,
"Las grasas mágicas", Editorial Grijalbo,
me pirateé unas páginas vitales (de la palabra "vida") para tu salud, y la mía.

No dejes de leerlas y de aplicar el conocimiento que adquirirás
:

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Extracto del libro de Erwin Möller:

GRASAS MÁGICAS
Aceites omega, superalimentos para tu salud

De la Editorial Grijalbo, Col. Biblioteca de la salud, 2da edición, 2006.


Capítulo 4. (páginas 71 a 85)
Grasas: las buenas, las malas y las peores


Una encuesta de Gallup hecha en Estados Unidos en el año 2000 señala que de cada 100 adultos norteamericanos de ambos sexos 27% —casi tres de cada diez— aún recuerda vívidamente los cuentos de hadas de su infancia y a los personajes que los protagonizaban. Lo que bien se aprende no se olvida. Y todo esto no le resulta ajeno a David Caruso.
Lector voraz, es a la vez un brillante narrador de historias infantiles. Siguiendo las tendencias de años atrás, durante un tiempo sus relatos se ambientaron en otros sistemas solares, con travesías a la velocidad de la luz y feroces batallas galácticas. Pero con la popularización de sagas como Calabozos y dragones, El señor de los anillos y Harry Potter, de nuevo la magia se adueñó de las mentes infantiles. Y David se sintió a sus anchas. De nuevo podría escribir historias fantásticas, pobladas de gnomos, ogros, hadas, dragones y hechiceras... si su salud se lo permitía.
Lamentablemente, David tenía un temible historial familiar de males cardiovasculares. En las tres generaciones que le antecedieron hubo siete enfermos y cinco decesos a causa de infartos, embolias o hipertensión. Su padre, su abuelo paterno y un tío habían fallecido antes de llegar a los 60 años. Y con 52 años a cuestas, David comezaba a escuchar “pasos en la azotea”.
Toda su vida adulta había luchado contra los niveles elevados de colesterol y triglicéridos. Y también contra el sobrepeso, la presión arterial y el ácido úrico. Y por fin había logrado meterlos en cintura, pero aún no podía hablar de un triunfo; no mientras tuviera elevados los niveles de la lipoproteina a o Lp(a).
“Hablando de males cardiovasculares la genética cuenta mucho, es cierto. Pero no menos importante es la alimentación —dice David—. Con frecuencia tenemos alto e1 colesterol malo, bajo el colesterol bueno y triglicéridos hasta los cielos, debido a abusos con lo que comemos. Pero ese sentido, me he cuidado mucho en los últimos l0 o 15 años. Por lo tanto ¿qué demonios debo haber estado comiendo como para conservar tan obstinadamente alta la Lp(a)? ¿Acaso estuve ingiriendo todos los días el típico brebaje de las brujas, compuesto con ojos de sapo, sangre de murciélago, setas venenosas, polvos de calavera, lenguas viperinas y tierra de panteón?

¿Acaso algún componente de su dieta pudo haberle jugado esa mala pasada?

Ya lo creo. Y no se trata de cosas tétricas o exóticas como jugo de mandrágora, sudor de momias o ponzoña de escorpión. Más bien es un ingrediente mundano que resulta facilísimo de hallar entre los componentes de muchos comestibles comunes. Usted mismo lo ha consumido y lo sigue consumiendo con frecuencia. Se llama manteca vegetal.

¿La manteca vegetal? ¿Cómo es posible?

Esa combinación de colesterol total-LDL-HDL normales con el Lp(a) elevado que muestra David Caruso es más frecuente de lo que se piensa y hasta ahora su causa es un misterio. Sin embargo, de acuerdo con diversos estudios, la razón principal podría estar en el consumo de grasas trans. Esta forma de grasas sintéticas está presente en numerosos productos procesados, y a menudo como grasa oculta; es decir, ni quiera se le menciona por su nombre en la etiqueta.

A ver, ¿cómo está eso?

Suele aparecer convenientemente disfrazada con nombres como “manteca vegetal”, “aceite parcialmente hidrogenado”, “grasa vegetal”, “manteca vegetal hidrogenada” y otros similares. En realidad, son puros eufemismos

De manera que inclusive si usted, al igual que David, se ha preocupado de mantener baja su ingestión de grasa (menos de 30% o de 25% de calorías totales), es posible que esté ingiriendo grasas trans en exceso.

¿Cuánto puede considerarse “un exceso”?

Por desgracia aún no hay un consenso al respecto, pero los principales investigadores recomiendan ingerir un máximo de cinco gramos diarios de grasas trans, y a partir de esta cifra cuanto menor sea la cantidad, mejor. Un máximo diario de tres gramos sería mucho más recomendable. Empero esto puede no resultar fácil si usted consume preferentemente alimentos procesados, porque la mayoría las contiene. Inversamente, mientras más fresca, integral y natural sea su alimentación, menos proporción tendrá de grasas trans.

¿Hay alguna razón para ello?
Sí. Las grasas insaturadas pueden existir en dos formas geométricas: cis y trans. Las primeras son por mucho las dominantes en la naturaleza. Todos los seres vivientes las utilizan para toda una serie de funciones. Una grasa trans no les sirve; por ello, en los alimentos integrales, que no han sido modificados por el hombre, las grasas trans no están presentes (con ciertas excepciones). Todo esto cambia cuando es el hombre el que prepara los alimentos. A menudo les introduce modificaciones indeseables, y la conversión de las grasas cis en trans es una de ellas. El proceso de hidrogenación mediante el cual se obtienen las mantecas vegetales es tan drástico que ‘tuerce” las moléculas y transforma las grasas cis en trans (imagínese que desdobláramos un clip). Esta conversión, que durante décadas se tuvo por inofensiva, tiene profundas repercusiones sobre la salud.

¿Cómo cuáles?

Hay dos principales. Una tiene que ver con la propiedad de las grasas para formar parte estructural de tas membranas celulares. Ya vimos la importancia que esto tiene; las grasas trans se intercalan entre las grasas cis de la estructura de la membrana, debilitándola. Imagínese que las grasas cis fuesen como tabiques, con los que se construyen paredes (las membranas). Cada grasa trans sería como un fragmento de tabique, o una piedra, o un pedazo de barro. De manera que una pared con todos esos materiales extraños estará debilitada y no podrá cumplir con su función. Igual ocurre con las membranas celulares, haciéndonos más propensos a las alergias, las infecciones, los males autoinmunes, el cáncer y el envejecimiento prematuro. Y uno de los perjuicios de las grasas trans más olvidados podría ser también uno de los más peligrosos.

¿Cuál es ése?

Al pasar a formar parte de las membranas celulares les resta flexibilidad, la cual es vital para las funciones de algunas células, como las de la sangre. Los glóbulos rojos, por ejemplo, recorren el cuerpo distribuyendo oxígeno y retirando bióxido de carbono. Es decir, coadyuvan a la respiración; para lograrlo, necesitan pasar a través de vasos capilares sumamente delgados, y sólo lo logran deformándose y sufriendo contorsiones que otras células menos elásticas no podrían duplicar. Las grasas trans disminuyen esa flexibilidad, reduciendo la capacidad de los glóbulos rojos para cumplir con su función. Inclusive hay evidencias de que interfieren con la capacidad de los glóbulos rojos para oxigenar los tejidos.

¿Y la segunda repercusión sobre la salud?

Tiene que ver con los eicosanoides. Ya vimos que estas importantísimas sustancias se producen a partir de ácidos grasos, pero ácidos grasos cis, no trans. La hidrogenación no sólo inactiva valiosas moléculas que hubieran servido para producir eicosanoides, sino que produce moléculas deformes que interfieren con la conversión de los omegas en eicosanoides. En el nivel celular, las grasas trans se comportan como terroristas o saboteadores químicos, que rompen balances y crean desorden. En este sentido, los posibles perjuicios de las grasas trans sobre la salud son impredecibles. Son tantas las funciones corporales que pueden perturbar a través de los eicosanoides, que para quienes estamos conscientes de su peligrosidad resultan temibles.

A propósito, no acabó de decirme cómo normalizar mis niveles de Lp(a)...
De todo lo expresado hasta aquí, podemos deducir que la medida más importante para lograrlo es precisamente limitar nuestro consumo de grasas trans. Para ello, conviértase en un lector de etiquetas de todo alimento procesado que consuma, y evite al máximo los que mencionen alguno de los términos anteriormente detallados: grasa vegetal hidrogenada, grasa vegetal parcialmente hidrogenada, manteca vegetal o un término nebuloso que cada vez se populariza más: “grasa vegetal”.

¿Por qué dice que es un término “nebuloso”?

Porque induce a confusión; no aporta mayor información sobre la naturaleza de la grasa o aceite utilizado. Como técnicamente las grasas hidrogenadas siguen siendo de origen vegetal, no se falta a la verdad diciendo de ellas que son “grasa vegetal”. Pero a nivel nutricional y metabólico sí hay diferencia (y enorme). La manteca vegetal no sólo resulta una villana por elevar los niveles de la Lp(a). Por ejemplo, la grasa vegetal no procesada no afecta adversamente la circulación sanguínea, antes bien su fracción monoinsaturada la facilita.

¿Y las grasas trans?

En cambio, las grasas trans pueden reducir la flexibilidad de las arterias y los vasos sanguíneos en 30%, dificultando la circulación, entorpeciendo la función cardiaca y aumentando el riesgo de un infarto. Quizás una cifra de 30% no nos diga nada, pero si la traducimos a incidencia de infartos fatales nos resulte más explícita. En un estudio complementario, hecho en la Universidad de Harvard con más de 80 mil enfermeras, se halló que quienes consumían mayor proporción de grasas trans mostraron un riesgo 32% mayor de padecer males cardiacos, y hasta 67% más de probabilidades de sufrir un paro cardiaco, en comparación con quienes las ingerían en cantidades mínimas.

Con un riesgo como ése, debería advertirse la presencia de grasas trans en las etiquetas de los comestibles que los contienen...

De acuerdo; sin embargo, no hay legislación al respecto, y los consumidores están indefensos. Es más, para disimular la presencia de grasa hidrogenada en sus productos, muchos fabricantes simplemente especifican “grasa vegetal” en la lista de ingredientes. Por ello, evite todo aquello que incluya estos términos. Los más frecuentes son panes, galletas, pastelitos, crema pastelera, tortillas de harina, chocolates, helados, coberturas de paletas heladas, margarinas y mantequillas de cacahuate. Asimismo, evite la comida rápida (como hamburguesas, pollo frito y papas fritas), ya que casi toda ella ha sido freída en mezclas oleosas que incluyen grasas trans (son más estables al calor y duran más).


Después de leer todo eso, no quedan ganas de volver a consumir margarina...

Cierto. Sin embargo, ¿creería usted que las margarinas no siempre tuvieron grasas trans? Pues así es. De hecho, las margarinas no son precisamente algo novedoso. La primera margarina (bastante distinta de las actuales) fue fabricada por Hippolyte Megé-Mouriés, un químico francés en 1869. La produjo mezclando sebo de res, leche descremada, tripas de cerdo y bicarbonato de sodio. Como puede verse, no tenía ningún ingrediente de origen vegetal, y más bien era una mantequilla sintética. Hacia 1890 la firma estadounidense Jelke introdujo la primera margarina vegetal, hecha con aceites de coco, palma, cacahuate y soya. El aroma, el sabor y el aspecto mejoraron muchísimo; no obstante, los consumidores siguieron prefiriendo la mantequilla.

¿Por qué?

Simple y sencillamente porque los sucédaneos (o sustitutos) nunca han sido del agrado de la gente. Existen, por ejemplo, sucédaneos de la sal, que son bajos en sodio y por lo tanto más sanos. Muy pocos los usan. Hay sucédaneos caseros del café (como la achicoria o el diente de león), que no contienen cafeína. Pero casi nadie sabe que existen, y menos aún son los que los consumen. Algo similar ocurrió con la margarina; los consumidores preferían el sabor y la consistencia de la mantequilla. La margarina se veía como algo económico e inferior, reservado para los menos pudientes. Pero esto cambió a principios de los años sesenta del siglo xx.

¿Qué ocurrió en ese entonces?
Dio inicio la guerra contra el colesterol. Comenzó a popularizarse el uso de aceites vegetales para cocinar y, obviamente, el público buscó un sustituto para la mantequilla. Y ese substituto había estado ahí siempre, pero ahora casi se volvía obligatorio usarlo por cuestiones de salud. Los fabricantes respondieron a la demanda, mejoraron aún más los sabores y las consistencias, y lograron margarinas que eran casi idénticas a la mantequilla. Pero para ello tuvieron que valerse de las grasas trans, cuya consistencia semeja muy bien la de la mantequilla. Claro que esto no tenían por qué saberlo los consumidores, y siguieron ignorándolo durante casi 20 años.

Pues yo lo sigo ignorando hasta la fecha...

En los años setenta, comenzaron a colarse noticias alarmantes sobre la no inocuidad de las margarinas. Y no se trataba de simples rumores, sino de evidencias científicas de peso. En este sentido el pionero fue el doctor Fred A. Kummerow, de la Universidad de Illinois en Urbana, quien en 1974 dio a conocer que las grasas trans presentes en las margarinas comerciales representaban un riesgo mayor para la salud que la mantequilla, la manteca de puerco, las grasas de las carnes e incluso que la tan satanizada yema de huevo.

Esa noticia nunca salió publicada en periódicos o revistas...

Por supuesto que no; difícilmente verá publicadas ese tipo de noticias. Aparte de que formalmente son acalladas por los grandes intereses comerciales que podrían verse afectados, no es el tipo de noticias que hagan las delicias de los medios. Al contrario, les encanta dar a conocer desmentidos de que alguna vitamina o complemento es bueno para la salud. Aún está fresco en mi memoria cuando en 1994 una de las dos televisoras mexicanas gastó en toda una plana de periódico para difundir que “de acuerdo con un estudio científico, la fibra dietética no ayuda a prevenir el cáncer de colon”, agregaban que tal noticia se expondría más extensamente en su noticiero de la noche. Lo que jamás dijeron, ni en el desplegado ni en la TV, es que, aunque espectacular, tal noticia no era concluyente.

¿Que no era concluyente? ¿Cómo está eso?

Sí, dicho en otras palabras, que aunque se trataba de un estudio realizado por investigadores muy capacitados en una institución prestigiosa, por sí mismo no resultaba suficiente como para concluir que, efectivamente, el consumo habitual de fibra dietética no tiene valor como preventivo del cáncer de colon. ¿La razón? Entre otras cosas, que no se había realizado con un número adecuado de personas y durante un período suficientemente extenso. Asimismo, tampoco se mencionó que a cambio de esta evidencia en contra, existe un cúmulo de evidencia a favor. Por lo tanto, aunque quisieron presentar la noticia como algo espectacular y definitivo, no lo era en absoluto. Lo decepcionante es que no se le han dado los mismos espacios a algunos episodios de la guerra del colesterol.

¿Cómo cuáles?

Por ejemplo, a la noticia de que las grasas trans de las margarinas son más aterogénicas (causantes de placas de colesterol) que las grasas de origen animal. Otra nota más, largamente acallada, es la de que no sólo las grasas saturadas resultan agresivas para las arterias; algunas grasas poliinsaturadas de origen vegetal también pueden serlo. Normalmente pensamos que los ácidos grasos omega 6 son buenos para la salud. Y en realidad lo son; uno de ellos, el ácido linoleico, incluso nos resulta imprescindible. Pero como ya vimos puede ser un arma de dos filos, y sólo es inofensivo en su estado natural.

¿Cuando está presente en aceites vírgenes?

Exacto! Al ser una grasa poliinsaturada, el ácido linoleico es fácilmente oxidable cuando no lo están protegiendo antioxidantes naturalmente presentes en los aceites, como la vitamina E y los carotenoides. Al ser removidos éstos durante el refinamiento, el ácido linoleico se queda indefenso ante la peroxidación. Y como ya vimos, esta última lo convierte en una fuente constante de sustancias peligrosas, como los radicales libres y los dienos. Lo interesante aquí es que ambos tipos de sustancias son los que dan el primer paso de la larga cadena de eventos que desemboca precisamente en la arterioesclerosis.

Eso suena interesante. ¿Qué más puede agregar?

Bueno, pues aunque actualmente resulta difícil hallar a un científico que siga creyendo inofensivas a las grasas trans, tampoco le dan luz verde retornar a la mantequilla. La doctora Penny Kris-Etherton, nutrióloga de la Universidad de Pennsylvania, dice que sólo 20-26% de la grasa presente en la margarina es de tipo trans. La mantequilla, en cambio, ofrece 53% de grasa saturada. Analizadas desde este punto de vista, la balanza parece seguirse inclinando del lado de la margarina.

Y usted, ¿qué opina?

Que antes de tomar una decisión, hay que tomar en cuenta que las grasas trans son más aterogénicas (causantes de placas de colesterol en las arterias) que la grasa saturada. Más aún que la manteca de cerdo, la mantequilla, la yema de huevo y el chicharrón, de acuerdo con un estudio efectuado en 1991 en Holanda. Puestas a competir contra diferentes formas de grasas de origen animal, las grasas trans ocasionaron mayores elevaciones del LDL o colesterol malo, y descensos más pronunciados del HDL o colesterol bueno. Y este mismo punto de vista es válido tratándose de la Lp(a). Por lo tanto, el sentido común —el menos común de los sentidos— nos dicta que hay que evitar las margarinas. Empero, no todas las margarinas son temibles.

Pero, ¿cómo puede decir eso?
Suena contradictorio, ¿verdad? La mayoría de las margarinas lo son, pero a decir verdad, no todas están rebosantes de grasas trans. Sin necesidad de examinar las etiquetas, uno puede percatarse con cierta aproximación de qué tantas grasas trans tienen simplemente percibiendo qué tan suave se siente la margarina al tacto. Entre más dura esté, más grasas trans contiene, y viceversa. Generalmente las más suaves (que vienen en tinas, en vez de barras) son las menos peligrosas. Si decide usted utilizarlas, le interesará saber que estas margarinas pueden reducir los niveles de LDL o colesterol malo. Investigadores de la Universidad de Texas en Dallas, bajo la dirección de la doctora Margo A. Denke, comprobaron que tanto en niños como en adultos las margarinas suaves pueden abatir el LDL en 10%. Mejor aún, ya existen margarinas que incluso incorporan en su fórmula fitosteroles.

Y eso, ¿qué significa?

Se trata de lípidos de origen vegetal, pero muy similares al colesterol, que ayudan a reducir los niveles séricos de este último (más sobre estas asombrosas sustancias en los capítulos 7 y 8). En Estados Unidos ya existen margarinas que aportan beta sitosterol (el fitosterol más potente), y con ello refuerzan su acción anticolesterol. Ese efecto de los fitosteroles se conoce por lo menos desde 1951, pero sólo muy recientemente se comprobó clínicamente que el beta sitosterol puede reducir el colesterol total (10%) y el LDL (13%).

¿Y en qué alimentos podemos hallarlo de manera natural?

Sus mejores fuentes son el polen de flores, el salvado de arroz, el ajonjolí, los cacahuates y las semillas de girasol. Sin embargo, para obtener resultados como los anteriores, se hace imperativo utilizar complementos nutricionales. La dosis terapéutica mínima para normalizar el colesterol es de un gramo diario, y ninguno de los alimentos anteriormente mencionados puede proporcionar tal cantidad. Si se pretende obtenerlo a partir de una margarina enriquecida, entonces hay que tener presente que la dosis mínima es de entre 2 y 4.5 g diarios durante varias semanas. Pero ya sea que la margarina que usemos esté o no enriquecida, tampoco hay que olvidar que 6% de la grasa saturada que contienen las margarinas suaves es del tipo que no eleva el colesterol.

¿Acaso existe una grasa saturada que no eleve el colesterol?

Sí, el ácido esteárico. Las principales grasas saturadas de la alimentación son el ácido esteárico y el palmítico. Durante años se pensó que ambos afectaban adversamente los lípidos sanguíneos. Pero en 1995, la nutrióloga Penny Chris-Etherton descubrió que el chocolate —un alimento rico en ácido esteárico— no produce aumentos en los niveles de colesterol malo o LDL, como se creía. Y por si fuera poco, un estudio reciente mostró que el chocolate es un alimento saludable: aun cantidades tan pequeñas como 30 gramos de chocolate oscuro son suficientes para disminuir la tendencia de las plaquetas sanguíneas para formar coágulos. Algo similar ocurre con las mantequillas de cacahuate.

¿Cómo está eso?

Entre las distintas variedades que se nos ofrecen, hay que hacer una distinción: la mantequilla de cacahuate natural y aquélla a la que se le han agregado grasas hidrogenadas. El primer tipo no resulta riesgoso, e inclusive ha probado ser beneficiosa para los niños. En una investigación realizada en Estados Unidos en el año 2000, se halló que el consumo de mantequilla de cacahuate natural ejercía cierto grado de protección contra los males cardiacos (a través de reducir los niveles del fibrinógeno, de la insulina y del LDL o colesterol malo). En otro estudio médico, el llamado reporte Brigham de Harvard, se estableció que la mantequilla de cacahuate natural ayuda a controlar el peso corporal (más sobre esto en el capítulo 6). Este hallazgo ha dado lugar inclusive a una dieta reductora basada en el consumo de este alimento.

¿En donde conseguir mantequilla de cacahuate natural, sin aditivos peligrosos?

No resulta fácil. Las dos marcas más conocidas en nuestro país no están libres de grasas hidrogenadas. Sin embargo, cada vez nos llegan más y más marcas del extranjero, y valdría la pena buscar alguna que tuviera certificación de estar libre de grasas hidrogenadas. Si ello no fuese posible y se dispone de tiempo, también puede intentar hacerla en casa. Realmente no se necesita mucha ciencia: los cacahuates tienen suficiente grasa para formar una pasta simplemente con ser molidos concienzudamente Para una mejor conservacion (que la pasta no se haga rancia), hay que refrigerarla o añadirle unas gotitas de vitamina E

No deja de llamar la atención que una semilla oleaginosa como el cacahuate sea tan buena para la salud. ¿Habrá otras igual de útiles?

Sí que las hay. La primera de ellas, poco conocida, es la nuez de macadamia, cuya grasa es predominantemente de tipo monoinsaturado. Un estudio hecho en Hawai mostró que el consumo diario de 10-12 de estas nueces no producía aumento de peso, y en cambio hacía disminuir de manera significativa los niveles elevados de LDL (colesterol malo) y de triglicéridos. Compárense estos resultados con los de el estudio médico hecho en la Universidad de Harvard con más de 80 mil enfermeras, según el cual quienes consumían mayores cantidades de grasas trans (como las presentes en galletas, pastelitos y otros productos de panadería) aumentaron su riesgo de males cardiacos 32%, en comparación con quienes no las ingirieron o lo hacían en cantidades mínimas.

Suponiendo que logro evitar las grasas trans, ¿ello me hará el milagro de reducirme los niveles de la Lp(a)?

Muy probablemente. Haga la prueba durante al menos cuatro meses y hágase checar nuevamente los niveles de la Lp(a). Generalmente éstos habrán retornado a sus cifras normales; y de paso, habrá comenzado a reducir notablemente las probabilidades de enfermar de diabetes de tipo II. De acuerdo con una investigación médica hecha en 2001, el solo hecho de evitar ingerir cada día entre 3 y5 gramos de grasas trans puede abatir el riego de padecer diabetes hasta en 40% (American Journal of Clinical Nutrition, Junio del 2001). Este grado de protección contra un mal que ha cobrado ya dimensiones epidémicas debería hacer recapacitar a quienes aún sostienen que las grasas trans son inofensivas.

¿Y si evitar las grasas trans no resulta suficiente para disminuir mis niveles de Lp(a)?

Bueno, en caso negativo puede intentarlo también ingiriendo un complemento de aceite de pescado. La evidencia inicial de que esto pudiera funcionar proviene de un estudio en el cual se checaron los perfiles lipídicos (colesterol total, LDL, HDL) de dos tribus bantú del Africa. Aunque sólo las separan 80 kilómefros, sus niveles de lipoproteínas sanguíneas son muy diferentes. Los del grupo A tienden a exhibir niveles más normales que los del grupo B En particular, los niveles de la Lp(a) son 37% menores.

¿Y qué origina tal diferencia?

El consumo de pescado. Los del grupo A viven a orillas de un lago, y el pescado forma parte de su dieta habitual. Los del grupo B, en cambio, basan su dieta mayormente en el consumo de granos y cereales. Pensando que pudieran existir otras variables que no se tomaron en cuenta, científicos norteamericanos intentaron reducir los niveles elevados de la Lp(a) de un grupo de voluntarios simplemente haciéndolos ingerir más pescado. Los lípidos sanguíneos incluida la Lp(a) se normalizaron en las personas participantes tras 12 semanas de ingerir pescado diariamente. Pero como esto sólo podría entusiasmar a los más fanáticos del pescado, para no tener que estar comiéndolo con tanta frecuencia, lo recomendable es utilizar un complemento de aceite de pescado.

Y ya que mencionó la presión arterial, ¿puede ayudarnos a normalizaría el consumo de pescado?

Por supuesto, en especial si la hipertensión apenas comienza. Se considera que existe esta afección si en adultos sanos se obtienen repetidamente lecturas mayores a 140/90. También hay que poner atención si solamente el número mayor se ha elevado; podría estar indicando la presencia de la llamada hipertensión sistólica, que no es menos peligrosa. En ese sentido, la más simple de las medidas antihipertensión consiste en ingerir macarela.

¿Macare/a? ¿Qué no es un pescado comestible parecido a las sardinas?

Sí, e ingerirlo fue precisamente lo que recomendaron los científicos del Instituto de Investigación Cardiovascular de Hamburgo a un grupo de voluntarios aquejados con hipertensión leve. Durante dos semanas es tuvieron consumiendo un promedio de dos latas diarias de macarela en salsa de jitomate. Después, redujeron la ración a sólo tres latas por semana, y así siguieron durante ocho meses más. Durante las dos primeras semanas, todos los parámetros cardiovasculares (pulso, presión arterial, colesterol total, triglicéridos) bajaron o se normalizaron. Pero durante los ocho meses siguientes algunos de ellos retornaron a sus valores iniciales. El más significativo de los que permanecieron bajos fue la presión arterial.

Pero, ¿un consumo tan alto de pescado (o de su equivalente en aceite de pescado) no llegará a interferir con la coagulación?

Una de las preocupaciones de los usuarios de aceite de pescado es que dadas sus propiedades anticoagulantes, pueda ocasionarles trastornos en la coagulación o hemorragias espontáneas. Un científico que ha estudiado este fenómeno a fondo —el doctor Joel Kremer, del Colegio Médico Albany, de Nueva York— sostiene que no hay de qué preocuparse (si se es un adulto sano y sin problemas de coagulación). Habiendo checado los tiempos de coagulación a cientos de consumidores de aceite de pescado, efectivamente detectó tiempos más prolongados, pero aún dentro de los considerados normales.

Y ya que menciona interacciones entre anticoagulantes, ¿qué hay del aceite de pescado con la aspirina?

La opinión de Kremer sigue siendo válida; es decir, no hay problema. No obstante, los complementos de aceite de pescado no se recomiendan para quienes ya presentan algún trastorno en la coagulación, o que es tán tomando fármacos anticoagulantes. Un caso similar se presenta con la vitamina E, que exhibe cierta propiedad anticoagulante. Pero hasta ahora no se ha demostrado que su uso simultáneo con el aceite de pescado esté contraindicado en personas sanas. Tampoco está contraindicado el uso simultáneo de vitamina E y aspirina (con fines cardio protectores).


sábado, 25 de agosto de 2007

La medicina di Maria



La medicina di Maria


Figliuola, figliuolo:
quando si compì il tuo destino come annunciarono
gli uomini e le donne sacri, e piantarono
la croce e la spada i selvaggi dell’oriente nella pelle
che amavi, era la mia gola che piangeva
per la tua pena quando si sentiva nelle notti
il mio grido
mi trasformai nella donna del Tepeyac così
che tu sapessi che non ti avevo abbandonato, che
la tua mammina continuava a essere lì, vegliando giorno e notte
sul tuo corpo, sulla tua anima
e così in ogni luogo ti ho dato la mia immagine cosicché
tramite questa, le tue preghiere giungino alle mie
orecchie, e i tuoi occhi guardino i miei, di fronte,
per vedere il tuo pianto e ascoltare le tue tristezze, per
guarire le tue ferite: quelle del corpo, quelle dell’anima
ai tuoi genitori fu data la parola che il bianco
avrebbe portato con sé le sue polveri, e li si avvertì di non
comunicarsi con esse, perché sarebbe giunta loro
la morte, la malattia, il dolore
e pochi hanno custodito nel loro cuore la parola
e molti si sono pentiti
della polvere di farina, zucchero e sapone
polvere di coca, fertilizzante e pesticida
polvere di asbesto, di piombo e cemento
polvere di virus, batteri e funghi
polvere di vivi, di malati e morti
polvere di legno, carbone e benzina
bruciando fuori
bruciando dentro
è giunta l’ora di ricordare questa parola figliuolo, figliuola
è ora di cullarla nel cuore
indugia il male
il bene si trova di spalle,
e con il male giunse il rimedio
con lui giunse la mia spina
con lui giunse il mio latte
con lui giunse il mio frutto
con lui giunse il mio olio
bevi dagli ulivi e dai cardi
il loro miele prezioso
ungiti nella mia santità
incantati nelle mie messi



per curare il diabete:
CARDO MARIANO (ingrediente: silimarina)
720 mg. al giorno –240 mg. / 1 ora prima di ogni pasto-

Nei negozi naturisti:
Etagerín – 2 compresse 3 volte al giorno.

o nei Doctor Simi:
Protehepar – 3 compresse 3 volte al giorno.

-1- Seguire una dieta completa ipoglucemica,
-2-Praticare quotidianamente per un ora Tai Chi, Yoga o camminare,
La cura comincia da subito ed è quantificabile dopo due mesi;
seguire i punti 1 e 2 per sempre.

“Semper Fidelis Ad Marianum Gloriam”

Fotocopia e distribuisci tra coloro che lo necessitano;
crea salute, distribuisci medicina!


domingo, 19 de agosto de 2007

Prólogo del libro.

DISMATERNAJE

"Sé cómo se cura la diabetes" dijo el niño, y las miradas de los adultos que lo acompañaban se tornaron condescendientes y dispuestas a la paciencia que se tiene con aquel que uno quiere pero que ha cometido una impertinencia.

Todo hubiera quedado allí porque esas mujeres no estaban dispuestas a seguirle el juego a su temeraria afirmación, pero una voz interna me dijo "no subestimes a los pequeños", y le dije

-¿Cuál es la cura que conoces?-

A los adultos no les suele agradar lo que los niños quieren decir porque las palabras de un corazón limpio representan un riesgo para quuienes se han acostumbrado a malversar la comunicación con la mentira, el invento, la ocultación o el pretexto, y su respuesta por seguro incomodará a muchos por lo que implica. El niño habló

-La leche materna.-

No mentiré: lo dicho por el niño me agarró en curva al tocar fibras en verdad profundas sin que fuera plenamente consciente de que lo hacía; intenté sanjar la cuestión con algo de gracia y atiné a comentar con tono de punto final

-¡Ha de ser una cura muy agradable!-

Y pasé presto a otra cosa, adulto al fin.

Sin embargo esas palabras siguieron dándole vuelta a mi cabeza durante días y al sumergirme al fin para entender por qué me intranquilizaron descubrí un mundo lleno de sabiduría, amor, belleza y dolor, sí, también un mundo de dolor.

La leche materna no es cualquier cosa. Pocos son capaces de justipreciarla percibiendo la magnificencia de ese lácteo don, de esa líquida gracia, de ese blanco amor. No es únicamente el alimento completo por antonomasia de un ser que descubre por primera vez al mundo, lo cual ya sería demasiado decir. Es esto, y también mucho más que esto.

Es el río que contiene al ejercito matriarcal que defenderá de los enemigos vivos e inanimados al pequeño vástago indefenso, es decir, en ese líquido vital, vitalizante, vivo, viajan anticuerpos dispuestos a luchar hasta la muerte en contra de virus, bacterias, hongos, parásitos y toxinas que de otra forma pondrían en riesgo de enfermedad, envenenamiento o muerte al lactante.

Es el vehículo de una comunicación química precisa entre la madre y la diminuta vida a su cargo; el bebé realiza automática e inconscientemente el diagnóstico de sus deficiencias y necesidades comunicándolo al seno de mamá y ella corresponde dando exactamente aquello que la sabiduría innata de su hijo le ha demandado.

Es cauce de dos vías para el amor más profundo que existe, el níveo cordel que ata a dos seres en el acto amoroso más evidente e incondicional.

Es lluvia nutricia para el infante, que al igual que el maná que Dios ofrendó desde su Reino a sus hijos elegidos para salvarles, lo dá todo. Es el pan exacto, el vino preciso para calmar sed y hambre de cuerpo y alma, además, dado en tiempo y forma.

Dios dá a la madre oportunidad de emularlo: llena de tibia miel sus senos disponiéndolos al banquete y en temprana hora anuncia con un evangelio de amor su inminente Eucaristía con tal de que el nacido tenga el refrendo y la memoria de la comida celestial que le aguarda y la añore de por vida. Sólo Dios le calmará la sed y el hambre para siempre.

Viendo con estos ojos panópticos al fenómeno sin par de la lactancia no queda más que darle razón al niño que al principio nos anunciaba conocer la cura de la Diabetes; ésta es una de cientos de condiciones patológicas que afloran en el organismo como consecuencia de los transtornos alimentarios, y estos a su vez son una contradicción clara del fenómeno nutricio que exaltamos líneas arriba en un afán de clarificarlo, pues en la lactancia integral se cumplimentan en tiempo y forma todos los requerimentos que la nutrición humana necesita, mientras que en la patología alimentaria el plato donde se sirve la ingesta está hecho de caos.

A los prodiabéticos, prediabéticos y diabéticos no hay amor que les mueva: en sus vidas sedentarias, faltas de motricidad, de motivos, intentan recibir por la boca a la par de la dulzura y energía de los carbohidratos aquello que en la leche de sus madres encontraron y que bien recuerdan en la intimidad de sus corazones y estómagos, aquello que añoran de la querencia materna, el amor sin condiciones que no hallan en ningún lado de sus vidas. Lo buscan infructuosamente en lo que es dulce o está cargado de calorías, de calor, pues rememoran que allí, en ese alimento primigenio, al mismo tiempo que la miel y la calidez, yacía el cariño a manos llenas. Repiten el gesto sin parar, compulsivamente, y mientras pierden en ese rito de búsqueda fracasado la salud y sus cuerpos, no encuentran a mamá.

Todo transtorno alimenticio puede obedecer a una disfunción del arquetipo materno interiorizado, es decir, a un deterioro o falta de crecimiento de las capacidades individuales de autocuidado; dicho sencillo: quienes padecen una enfermedad nutrimental son incapaces de reinstaurar de manera autónoma el ritual de preservación que una lactancia sana implica.

Tepantzin Tlacaztalli Huitzilíhuitl
De Santa María Coatlaxópeuh
19 de agosto del 2007, 10:00 PM
Sto. Domingo, Coyohuácan.

domingo, 15 de abril de 2007

Más sobre la cura de la diabetes, la medicina de la Virgen, en boca de su descubridora.

de:Claudia Angelica Soto Peredo <casoto@correo.xoc.uam.mx>09-abr (6 días antes)para: ivanardila@gmail.comfecha: 09-abr-2007 10:37asunto: sobre su cartaenviado por: correo.xoc.uam.mx

Sr. Iván:

Le agradezco su interés y me reservo el derecho de contestar el contenido total de su carta que me parece muy ofensiva. Le aclaro que no me siento insigne ni pretendo serlo.

Solamente le puedo decir que llevo más de doce años realizando mi investigación y que tengo todo el derecho de patentarla para que otros paises no lo hagan. Mi interés nunca fue el de lucrar con esto, mi familia es diabética y esto más los millones de diabéticos que existen en el mundo es el motor que me ha movido a llevar a cabo mi investigación. Como principio tengo una licenciatura en Química y tengo una maestría y un doctorado en Farmacología otorgado por una institución mexicana internacionalmente reconocida. Se perfectamente lo que estoy haciendo y lo que escribo y no quiero sorprender a nadie. Mi investigación es seria pues mis resultados se han publicado en revistas de reconocido prestigio internacional.

Por otro lado si usted se está tomando la libertad de recetar el medicamento que menciona y a la dosis que usted ha decidido pues será bajo el riesgo de usted y del que lo ingiera pues los estudios serios en humanos habrán de iniciar en poco tiempo en uno de los hospitales del más alto nivel en México bajo la supervisión de especialistas reconocidos.

Este descubrimiento es mío pero la propietaria de la patente es la Universidad Autónoma Metropolitana donde hay un departamento de propiedad intelectual y su "amable" carta debe de estar en conocimiento de este departamento. Por la acusación que me hace de violar el juramento de Hipócrates crea usted que no lo hago, tengo ética profesional y conocimientos (desconozco la preparación profesional de usted) que indican que antes de aplicar un medicamento a la población en general deben de hacerse estudios de Farmacología Clínica.

Atentamente
Dra. Claudia SotoUniversidad Autonoma MetropolitanaUnidad Xochimilco, Mexico, D. F.
http://www.xoc.uam.mx

de: Iván Ardila <ivanardila@gmail.com> 17:59para: Claudia Angelica Soto Peredo <casoto@correo.xoc.uam.mx>fecha: 15-abr-2007 17:59asunto: Re: sobre su cartaenviado por: gmail.com
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Doctora Soto:

No fue mi intención ser "ofensivo", pero tomando en cuenta que si yo o alguien de mi familia hubiera conocido de la silimarina a tiempo, probablemente mi tía Guille, la que llamábamos "la mamá de los pollitos", repito: probablemente no hubiera muerto de la forma en la que murió, es decir, partiendo de este mundo en pedazos y con bastante sufrimiento.
Afortunadamente mi formación es de nivel secundario y sólo soy un escritor diletante y un pretenso autodidacta, por lo que sin ningún empacho puedo darme el lujo de recomendar, que no de recetar, pues no soy doctor, que la gente use la silimarina bajo su propia responsabilidad, pues definitivamente sé que no les causará ningún daño, como los iatrogénicos medicamentos que sólo se usan, bien lo dicen los doctores que me encuentro, para "controlar" la diabetes. No quiero responsabilizarla de la muerte de mi tía tan querida por todos nosotros, pero en lo personal sí me siento responsable de no abrirle la puerta a una esperanza cierta a la gente que los batiblanca descorazonan, para volverlos dependientes de sus terapias tan dañinas por lo general.
Mi investigación sobre la silimarina va avanzada con los pocos recursos que tengo, y estoy pronto a publicar un folleto o libro sobre el tema, en el cual agradeceré que colabore conmigo. Nadie en este mundo es indispensable, pero realmente podemos facilitarnos la vida unos a otros bastante. De cualquier manera sé que la medicina llegará a quien la necesite, sin embargo encuentro muy gratificante ser parte de la difusión de esta terapia, que no le debemos sino a la Madre Tierra.
Estoy muy agradecido con usted por la molestia que se tomó para responderme las letras que le envié y espero que no se siga sintiendo ofendida por mi franqueza, pues me cuesta demasiado andarme por las ramas. No me gusta la diplomacia, que sí la cortesía. Y su gesto al contestar me es cortés sobremanera.
Lo que le he escrito ahora es verdaderamente poco en relación con lo que quiero comunicarle. El tema es más extenso. Y en serio sería muy retroalimentador que siguieramos con esta conversación.
De entrada le comento: el Ingeniero Ricardo Rosales Ledesma intento lo mismo que usted con la vacuna MVA E2, y es el momento en el que alguna fuerza extraña cerró de la noche a la mañana su laboratorio, ¿lo sabía? Siento que le advertí a tiempo, porque le hablé para decírselo, para recordarle como se las gastan las trasnacionales farmacéuticas, y él no quiso publicar en un libro, en un folleto, en nada su (allí sí) invento. Créame, y se lo digo con el corazón en la mano: sólo sabiéndolo todos y pronto, podremos parar a los que venden insulina inyectable, a los que sí lucran con los glucómetros, a a quellos a los que no les interesa la salud de nadie, sino el dinero de todos.
Tengo un plan para difundir esta medicina, y que nadie pueda parar su desarrollo. Le pido su ayuda. Después de todo, no es para mí, es para todos. Rosales cumplió con el protocolo de 5 pasos con su vacuna, y se dió en humanos. Rosales era de la UNAM. Y a él lo pararon. ¿Conoce su historia? Pregunte doctora. Y verá que el diablo sí anda suelto, y debemos estar unidos los que sí deseamos la salud.
Muchas dudas que le extendí quedaron sin respuesta; esperaré, si me da esperanza, a que me las conteste en alguna ocasión cercana. Ah, y le comento: en el mundo de los diabéticos (como en el de los cancerosos o el de los enfermos de "x" cosa) ya se está corriendo el chisme: la silimarina les curará. Y además, CMD ya me aceptó como cliente y estoy a poco de saber cuál es el precio de mayoreo de su "Etagerín". Y para terminar: a todos les menciono, no está de más, su nombre: Claudia Angélica Soto Peredo, investigadora de la UAM Xochimilco, descubridora de la cura de la diabetes. Así sea.
Tepantzin Tlacaztalli Huitzilíhuitl,
aprendiz de hombre-medicina,
Mexihco Tenochtitlan.